Durante años pensé que el problema estaba en mi piel...
Hoy sé que mi historia era mucho más profunda.
Mi rosácea apareció en la adolescencia.
Durante mucho tiempo sentí que no pertenecía, que no encontraba mi lugar. Con el tiempo entendí que había emociones que también necesitaban ser escuchadas y que, en mi experiencia, mi piel parecía reflejar parte de ese proceso.
No digo que esa sea la causa de la rosácea. Esta es simplemente mi experiencia personal.
Con el tiempo aprendí que, además de cuidar mi piel, también necesitaba cuidar mi autoestima, mi seguridad y mi bienestar.
Hoy mi rosácea está controlada, pero lo más importante es que cambió la forma en la que me miro a mí misma.
La rosácea me hizo mirar mucho más que mi piel.
Porque detrás de cada piel hay una historia.
